miércoles, 2 de febrero de 2011

Lección de princesas

Algunas princesas del reino de Nunca jamás, estaban reunidas tomando el té en el nuevo y espectacular palacio de cristal de Cenicienta.

Estaban la Bella durmiente, Rapunzel, Blancanieves, Ariel, Bella, entre otras muchas y como no la anfitriona.


Éstas comentaban y fardaban sus excelentes y perfectas vidas al lado de sus encantadores príncipes; sus vidas eras envidiables para cualquier otra persona, todas tenían todo lo que querían y deseaban sin tener que esforzarse al más mínimo.

Blancanieves y su príncipe se hartaban a frutas recogidas por sus enanitos en los huertos que cultivaban, a Cenicienta su querido esposo le regalaba cada semana unos cien pares de zapatos nuevos, y como no, Ariel, disfrutaba de la vida acuática y terrestre acompañada de su incondicional marido.

Pero esa tarde de 5 del floral de un año muy lejano, fue cuando todas envidiaron y añoraron una única cosa.

Mientras estaban tertuliando, llego una carta expresa, que entregó la hermanastra a Cenicienta, en la que el mismísimo rey de Nunca Jamás, proponía a todas las princesas del reino un reto, como premio, ni más ni menos se entregaría la corona a ella y su esposo, y durante treinta años gobernarían en todo el reino a su antojo, elaborando leyes como ellos quisieran e impartiendo justicia a su manera.


Las princesas quedaron totalmente asombradas, y todas querían participar en el gran reto, aunque cuando leyeron todo el escrito algunas quedaron atrás y prefirieron no participar.

El reto consistía en una gymkhana variada, en la que había pruebas relacionadas con todas sus historias, desde comer manzanas que pudieran estar envenenadas hasta bajar de la alta torre con una cuerda nada más.

Las valientes princesas que aceptaron fueron Blancanieves, Cenicienta y la Bella durmiente.

Quedaba por descontado que participarían en las pruebas que no fueran de sus cuentos.

Dos semanas después, todas las princesas del reino se reunieron con el Rey en su gran palacio, el rey explicó a cada una sus pruebas personales, sin ninguna prioridad o facilidad para alguna de ellas y puso como tiempo límite diez días para realizar las pruebas, terminada la reunión, cada princesa se dispuso a realizar las pruebas que les había asignado.

El primer día fueron muchas las que se retiraron, bien por lesiones que había sufrido, por el físico tan poco acondicionado que tenían para realizar las pruebas físicas, como por la poca inteligencia que mostraban en las pruebas mentales.

Las únicas dos princesas que completaron las cinco pruebas para pasar a la gran final fueron Cenicienta y Blancanieves; Cenicienta tenía una condición física formidable, ya que entrenaba duramente junto a sus hermanastras para poner subir las miles de escaleras que tenía su palacio; por el contario, Blancanieves tenía un físico menos preparados que el de la otra princesa, pero su inteligencia y maña eran mucho superior, ya que conocía de casi todos los temas, tenía nada más ni nada menos que siete enanitos que le enseñaban técnicas agrícolas, aritmética, minería y otras muchas cosas.















La final se celebró cinco días más tarde de lo previsto, debido a una inoportuna enfermedad que le atacó al Rey.

La prueba final consistía nada más ni nada menos que en intentar conquistar al príncipe de la rival, con todas las armas posibles. La prueba les pareció algo fuera de lugar y que no demostraba mucha lealtad hacia sus maridos, pero ambas aceptaron, quería ser reinas a toda costa.

Blancanieves lo intentó por medio de la palabra, por la convicción, como los sofistas en el siglo V a.C. , lo engalanaba con piropos y le argumentaba que era mejor en todo que Cenicienta, pese a su esfuerzo no lo consiguió; el príncipe no se vio rendido a sus encantos y mostró el amor que sentía hacia Cenicienta, en ningún momento dudo su decisión.

Por el contrario, Cenicienta, intentó captar la atención del otro príncipe como ella mejor sabía, acentuando sus dotes femeninas y mostrándoles sus fuertes como amazona y mujer atleta, que tanto fascinaba a su marido. Al contrario que Blancanieves, ella consiguió despertar cierta atracción por parte del príncipe.

Cuando llegó la hora de la decisión de coronar a la nueva reina junto a su marido, todo el mundo estaba convencido de que la ganadora indiscutible era Cenicienta, pero una vez más el Rey sorprendió y dio una lección de sabiduría a su querido pueblo.

Las palabras del rey fueron:

-La nueva y futura reina de Nunca Jamás será……Mi querida hija Esmeralda.

Se escuchó un estremecimiento entre las gentes del reino y todavía más por parte de Cenicienta y su amado príncipe, que rozaron la victoria con los labios.

Al balcón del palacio se asomó junto al Rey, la joven Esmeralda, heredera de la corona, una niña de quince años, bella entre las bellas, frágil e inocente.

El Rey explicó al pueblo, que celebró la gymkhana para mostrarle a su hija como no debía de comportarse cuando fuera reina, ya que según éste, una princesa nunca debe de poner en juego los sentimientos que siente hacía su amado y mucho menos jugar de esa manera tan nefasta con ellos.

La chica pareció comprender de esta manera lo que suponía la lealtad hacia su futuro esposo y su honra, con el ejemplo que le había dado su madre.

La frase que pronunció el querido Rey de Nunca Jamás y la cual fue ovacionada por las gentes del pueblo e hicieron reflexionar a las dos princesas fue la siguiente:

“Ni el malo del cuento es tan malo, ni la buena del cuento es tan buena. Aunque nuestras princesas lo pasaron mal en sus historias y quedaron como las buenas e inocentes, no han demostrado serlo completamente, ya que han jugado con el sentimiento más valioso y hermoso que llena nuestros corazones: EL AMOR”.



3 comentarios:

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  2. Espero que os guste mucho mi cuento, ya que me ha hecho mucha ilusión escribirlo y me ha revivido mi bonita infancia.

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  3. A mí me ha encantado. Genial idea, genial desarrollo y muy buen final... Un cuento que seguro que encantaría a los mejores "gourmets" en esto de los cuentos: los niños.

    Y me alegro que escribirlo te haya hecho revivir la infancia. Nunca hay que abandonar lo que hay de niños en nosotros: es de las cosas más bonitas que tenemos...

    (Por cosas como esta digo yo siempre que cuando os ponéis os salen cosas preciosas, y que los profes tenemos que intentar que os pongáis a escribir lo más a menudo posible ;-))

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