domingo, 13 de febrero de 2011

SALE EL SOL



Fueron las cinco semanas más angustiosas de toda mi vida, yo, Laura Pérez, de profesión profesora de un instituto de Cuenca; supe durante ese tiempo lo que es el sufrimiento.

Yo tenía pareja, se llama Alberto Ramírez; era mi media naranja, estábamos hechos él uno para el otro; o eso me hizo creer, nuestra relación duró 6 años, 9 semanas y 3 días; recuerdo el día en que me pidió que fuera algo más que un amor de verano.

Ambos estábamos encantados, a mí me encantaba su carácter divertido y afable, y él siempre me decía que era la mujer de su vida.

Hasta que un día, el 26 de mayo del año pasado, me dijo que quería pasar una temporada en la República Dominicana, exactamente en Santo Domingo, donde tenía a unos amigos, que llevaban residiendo allí varios meses, ya que eran voluntarios de una conocida 0NG del lugar.

Me quedé enmudecida, cuando me lo dijo, su rostro mostraba indiferencia ante mi expresión de sorpresa, su tez era fría e inexpresiva.

Yo por supuesto, pensé que era una de tantas bromas que me hacía con tanta frecuencia; pero no, era cierto, mi queridísimo Alberto quería irse solo, a la República Dominicana, sin mí; quería vivir una nueva experiencia, según me contó y alejarse de la vida tan monótona que tenía conmigo en Cuenca.

Las palabras que me estallaron como un puñal en el corazón:

-Laura, pensaba que eras la mujer de mi vida, te juro que lo pesaba, pero me he dado cuenta de que quiero ser libre, cambiar de vida, convertirme de nuevo en ese viajero loco que era antes, volver a vivir experiencias inolvidables como mis amigos.

Cogió su maleta y se llevó todo lo que tenía que perteneciera a él en el piso que teníamos alquilado, yo no sabía que hacer, Alberto me estaba dejando. Fue un durísimo golpe para mí, que dejó una gran marca en mi vida amorosa.

Durante 5 semanas estuve como nunca en mi vida, no tenía vida social, me limitaba a ir al instituto, impartir mis clases y volver a casa y pegarme tirada en la cama el resto del día, y cuando llegó el fin de curso, el día entero.

Pero un día, me levanté más positiva que de costumbre, y me puse a escuchar la radio, cosa que no hacía habitualmente, pero me apeteció.

El locutor presentó la canción, el nuevo single de Shakira, recuerdo que cuando era más joven, era una de mis artistas favoritas; así que me quedé a escucharla. La canción se titulaba “Sale el sol”. Me encantó, parece una tontería, pero me animó más que cualquier otra cosa, cualquier conversación con mi madre o mi mejor amiga.

Me quedé pensando en el significado de la letra, y lo relacioné con mi situación; llegué a la conclusión de que era joven, de que tenía que seguir mi vida, sin Alberto por puesto, de que tenía que disfrutar y ser feliz, de que como decía la canción: “Cuando menos te lo esperas sale el sol”.

Así que me decidí, me metí en una página de una agencia de viajes, y reserve un vuelo a Bolonia, para dos días después, me iba a aventurar sola, estaba decidida, quería disfrutar de la bonita ciudad italiana.


Dos días después, cuando llegué a la ciudad, fui en busca de un albergue u hotel, ya que como fui a la aventura, lo único que tenía era el vuelo baratísimo de ida y vuelta.

Encontré un pequeño hostal, que tenía buena pinta, así que reserve para estar cuatro noches allí.

Cuando dejé el poco equipaje que llevaba, me adentré por las bellísimas calles de la cuidad, y no se si por las casualidades del destino, me encontré con un gran hombre.

Yo estaba comprándome un helado cuando, resbalé y caí sobre los brazos de éste, manchándole completamente la reluciente camisa que llevaba.

Le pedí perdón miles de veces, y él amablemente, quitó importancia al asunto; como me sentí algo culpable le invité a tomar un café en la cafetería de al lado.

Empezamos a hablar y hablar y hablar, durante 7 horas; se llamaba Lucca, era un año mayor que yo, era ingeniero de caminos; me encantó, era una persona cultísima e inteligente y con un sentido del humor similar al mío.



Llegó la hora de volver al albergue, ya que la noche había caído, pero no volví al albergue, él me invitó a su casa, y sí tiré el dinero de cinco días de hospedaje, pero no me arrepiento.

Durante cuatro días, me enseño detalladamente todos los rincones de la cuidad, y el último día de mi viaje, me acompaño tristemente al aeropuerto, pero cuando estaba embarcando, vino hacia mí, me beso apasionadamente y me pidió que me quedará con él, acepte sin dudarlo, era una locura, pero mi corazón era el que mandaba en ese momento.

Llevo ya 1 mes y medio con él, aquí en Bolonia, me he enamorado de verdad, estoy encantadísima, no sé lo que pasará cuando acabe el verano y empiecen de nuevo las clases, no quiero pensarlo, pero lo que tengo claro es que estoy disfrutando al máximo junto a una persona extraordinaria, y sobre todo que cuando menos te lo esperas sale el sol, soy la mujer más feliz de la tierra.




2 comentarios:

  1. Qué bonito.

    Increíble lo que se puede soñar con una canción, ¿verdad?

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