domingo, 5 de junio de 2011

En mi cabeza, malos pensamientos

En el cuarto rojizo, delante de un armario con espejos, está Luisa en la cama. Se ha despertado de la siesta antes de que su madre le haya despertado.

“Igual le tengo que decir que me gusta pero claro, es que no le va a dejar sólo por eso, porque es un chico maravilloso. Además, ¡piénsalo! Yo tampoco dejaría a un chico solo porque le guste

a una amiga. ¿Para qué serviría? ¿Para salir perdiendo las dos? O los tres, más bien dicho, porque se nota que él le quiere a ella y no van a cortar solo por mí. Aunque por otra parte, también podría intentar acercarme a él y adentrarme en una lucha por conseguir lo que se quiere con mi amiga. Aunque en contra tendría que perdería a mi amiga y tampoco es 100% asegurado que consiga al chico porque es que se quieren mucho los dos. Sin embargo, yo podría intentarlo oye, que igual yo le gusto a él pero no se atreve a decírmelo porque está saliendo con mi amiga. ¿Quién sabe? Entonces… ¿Qué hago? “Uis” que hambre tengo, creo que voy a ir a merendar y tendré que empezar a estudiar porque si suspendo algún examen me castigarán y si me castigan no podré ir a la fiesta que hay el sábado. Pero claro, si voy a la fiesta que hay el sábado volveré a verlos y me tendré que apartar porque me gusta. Aunque igual puedo intentar ir a por él este sábado. Ésta me ha dicho que igual no va porque decía que estaría castigada. Este sábado sería mi oportunidad. Me lanzaré. Pero si él se niega…”

De repente, se escuchan los pasos de su madre. Seguidamente, se oye unos golpes llamando a la puerta: “Luisa, ya es hora de estudiar”.

1 comentario:

  1. Logradísimo, Carmen, muy muy bien.

    Para la espontaneidad tienes muy buena mano y mucha gracia... ¡Aprovéchala! ;)

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