lunes, 5 de diciembre de 2011

Perdidos por siempre

Argumento: realista: Una chica de diecisiete años de Salamanca, pierde a sus padres en un accidente de tráfico e intenta suicidarse.

Narrador: 1ª persona protagonista.

Personajes:
- protagonista:Una chica llamada Berta, de diecisiete años; su vida es perfecta, es popular, guapa, saca buenas notas, tiene muchos amigos, hasta que sucede el fatídico suceso.
- personajes secundarios: los padres de Berta, su tía María, su mejor amiga Bea, su abuela materna, el profesor de biología Alberto, el conserje del instituto.
-comparsas: compañeros de clase y familiares y amigos que acuden al entierro de sus padres
.

Espacio:
- Salamanca
- El instituto en el que estudia Berta, la casa de su tía Matilde, el tanatorio, el cementerio y el hospital.

Tiempo:
-externo: año 2001
- duración:12 días
- ritmo: lento (incluye grandes descripciones de cómo es Berta, el momento en el que le cuentan el fallecimiento de su padre, los sentimientos que tiene después).
- orden: analepsis o flashback.

Estructura: abierta.

Técnicas: diálogos en estilo directo y monólogo en estilo indirecto.





Han pasado casi dos semanas del terrible suceso que ha cambiado mi vida radicalmente, tengo diecisiete años, vivo en Salamanca y estudio primero de Bachillerato de Ciencias; me consideraba una chica afortunada, yo creía que lo tenía todo: una familia unida, era popular, de las más guapas de mi insti, sacaba unas notas excelentes, tenía grandes amigas con las que salir de compras todos los sábados por la tarde y a las que contar mis más ocultos secretos.

Toda esta burbuja explotó el 1 de febrero del 2001, yo estaba en clase de biología cuando el secretario de mi instituto, llamó a la puerta y dijo pálido y con la voz entrecortada: “Alberto(llamando a mi profesor) ¿te importa salir un momento?.
Alberto salió del aula, nadie sabía que podría haber ocurrido, recuerdo que esos cinco minutos en lo que mi profesor estaba ausente fueron los más largos de mi vida, no sé por qué, pero no me sentía a gusto, todos mis compañeros hacían bromas y hablaban agitadamente como si del recreo se tratase.

Cuando Alberto entró, me miró con cara de haberle tocado el marrón de contarme la triste noticia, su cara era una mezcla de tristeza, compasión y dolor al mismo tiempo. Casi con lágrimas en los ojos me llamó para salir; de repente todos mis compañeros me miraron y se quedaron sin gesticular palabra.
Asustada me acerqué a la puerta, ni Alberto ni el secretario se decían a contármelo, al fin Alberto me tomó la mano y me dijo:
-Berta, siento ser yo quien te dé esta triste noticia, de verdad, pero han llamado del hospital…
Yo empecé a ponerme nerviosa y grité sin pensar: Alberto, ¡dime qué narices pasa!

Por fin fue el secretario quien me dio la noticia:
-Berta, cariño, acaban de llamar del hospital y tus padres han sufrido esta mañana un grave accidente en la carretera, un camión que iba en dirección contraria ha chocado con el coche de tus padres…Berta tus padres han muerto.

Esas cinco palabras retumbaron en mi cabeza, el dolor que sentí en mi corazón y en todo mi cuerpo no lo había experimentado nunca antes, empecé a temblar, la cara de mi madre se me vino a la mente, luego la de mi padre y veía como un camión destruía mi familia en dos segundos. Intenté pero no pude articular palabra, las lágrimas de mis ojos brotaban sin poder evitarlo, finalmente me tiré de rodillas al suelo y empecé a sollozar, Alberto y el conserje me intentaron levantar, yo les grité, y no les dejé que me tocarán, que se acercarán a mí.
En ese momento estaba furiosa, quería acabar con el mundo, con mi vida misma; me había quedado sola, las dos personas a las que más quería en mi vida habían desaparecido de un plumazo.
Mis amigas me contaron que un ataque de ansiedad me invadió de tal manera que acabé por perder el conocimiento.
Cuando volví a cruda y triste realidad estaba tumbada en la sala de profesores con mi mejor amiga Bea, llorando como una descosida y acariciándome la mano; no era un sueño, mis padres habían muerto.
Mi tía María, la hermana de mi madre, vino a recogerme al colegio, su actitud era pasiva, parecía que estuviera en otro mundo, ninguna de las dos hablamos mientras íbamos con el coche hacía su casa, mi cabeza formulaba preguntas sin sentido, quería ver a mis padres aunque fuera por última vez, ¿qué sería de mi vida?, ¿iba a seguir estudiando? no podía, el dolor me comía la mente a pedazos.

Pasé todo el día en casa de mi tía con mi abuela materna, ella me cuidaba mientras mi tía estaba haciendo todo el papeleo del funeral.
Abrazada a mi abuela, las dos llorábamos desconsoladas, yo gritaba y ella intentaba calmarme, pero le era imposible, su dolor era tan fuerte o peor que el mío, su única hija había muerto.

Cuando mi tía llegó al anochecer, no habíamos probado bocado, ni siquiera nos habíamos movido de lugar ni cambiado la postura.

Me acosté en el cuarto de mi prima Marta, tenía veinticinco años y vivía en Australia con su novio que conoció en el Erasmus de Holanda, era ingeniera industrial; naturalmente era imposible que llegará a funeral, aunque estaba al tanto de los hechos.
No pegué ojo durante toda la noche, y llegué a un estado en el que ya no me caía lágrimas, el dolor era más fuerte, la imagen de mi madre en mi cabeza no se fue en ningún momento, la veía esa misma mañana preparándome el desayuno.
Después de horas interminables tumbada en la cama, mi tía vino a avisarme, debíamos ir al tanatorio y después le procedería el funeral.
Llegué a ese lugar espantoso y pude ver dos cajas cerradas, el cuerpo me flojeó, pedí que se abrieran, quería ver a mis padres, tenía derecho, pero se me negó la petición, sólo me dejaron ver a mi padre, el estado de mi madre debía de ser terrorífico y no podía estar a la vista. Cuando abrieron la caja y vi a mi padre, las lágrimas volvieron a mis ojos, parecía estar dormido, le besé y abracé todo lo que pude y le coloqué la pulsera que me regaló por mi diecisiete cumpleaños. Yo odiaba esa pulsera, me la ponía por hacer feliz a mi padre, pero en ese momento creía que lo correcto era que un recuerdo mío fuera con él.

Las horas siguientes fueron tan angustiosas como las demás, persona tras persona me daba el pésame, todos parecían muy afectados, pero en realidad me daba igual, estaba enfadada con el mundo quería que todo esto finalizará pronto. Mi pasividad terminó cuando vi a mi amiga Bea, se abalanzó sobre mí, las dos lloramos juntas y con una voz más fina de su tono normal me dijo: “Sabes que te quiero”.

Cuando acabó el funeral yo me subí al coche de mi tía no quería ver a nadie, quería estar sola, cuando regresamos a su casa, mi tía me dijo que fuéramos a recoger alguna de mis cosas para instalarme con ella.
Mi tía me esperaba en la puerta principal, yo no le permití entrar al interior del que fue mi dulce hogar, en vez de a mi habitación me dirigí a la cocina y sin pensarlo cogí un cuchillo e intente apuñalarme el corazón.

Hoy después de once días en coma, en un mundo en el que no sufres, no eres consciente de la realidad, he despertado, me han operado en dos ocasiones, ya que con la puñalada dañé órganos importantes de mi cuerpo; me arrepiento de hacerlos, porque he sumado un dolor más a mi tía María, que no tiene la culpa de nada y ahora cargará conmigo hasta que me valga por mí misma, pero en realidad no quiero seguir viviendo, no encuentro ningún sentido, ninguna luz que me indique que merezca la pena, sinceramente en este momento siento que he perdido mi juventud, mi vida, a mis padres y mi felicidad. No sé que voy a hacer con mi vida.



2 comentarios:

  1. Espero que os guste, es muy triste, pero la tarde en la que la escribí me acordé de una persona a la que quería mucho y creo que se merecía escribir sobre ella, aunque he modificado significativamente la historia...

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  2. A mí me ha encantado, a pesar de la tristeza (pero es que estas cosas pasan). Estupenda la "receta" a la que la narración se ajusta estupendamente. ¡A seguir escribiendo! (aunque este año no nos dé tiempo a hacer tantas cosas de creación, y me da mucha pena, peeeero... los programas de estudios mandan, qué le vamos a hacer).

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